La Maldición de Willmol J.



Por: William Mercay
Género: Literatura Fantástica 

Esa vez quería caminar en silencio, era un día de esos donde deseaba encontrarme conmigo mismo, escaparme del mundo, de la gente, del bullicio…

No quería pensar en nada ni en nadie, más bien buscaba mirar muy dentro de mí.

- ¿Qué me ha traído hasta aquí?

Expresé en voz baja mientras caminaba por el famoso parque Hencolor de la ciudad de Willmol J.

Sus caminos bordeados de piedras rojizas estaban cubiertos de hojas secas, y estoy casi seguro que dentro de sus 50 hectáreas, ese domingo no habíamos más de 3 personas, incluyendo al guardabosque.

Mientras recorría el campo estaba cabizbajo, no sé por qué diablos me sentía deprimido, mis dos manos enfundadas en los bolsillos de mi traje, y mi sombrero inclinado, cubría el inmenso cielo nublado, se podría decir que era un día gris, pero tal vez era una gran ilusión.

De repente sentí entre los árboles unas suaves ráfagas de diminutos cuerpos que cruzaban de una parte a otra en una aparente pelea, y a los pocos segundos cae justo ante mí un gorrión muerto, quizás impactó con algún árbol mientras intentaba escapar de su depredador quien por encima de mí se alejaba mientras graznaba.

Yo me quedé parado frente a él, y desde arriba veía su cuerpo inerte a mis pies, mientras mi rostro era acariciado por una leve briza, me preguntaba a mí mismo una vez más en voz susurrante:

- ¿Por qué la muerte tenía que estar presente en cada rincón de la vida?
No le veía sentido a un mundo tan cruel, tanto la sociedad como la naturaleza la percibía atroz.

Pude observar desde mi óptica la belleza en su plumaje, decidí agacharme y tomarlo entre mis manos, cuando así lo hice, sentí repentinamente en mi espalda una especie de arma que alguien presionaba contra mi humanidad junto a una voz que me balbuceó al oído.

- No te muevas o te mueres…

Mientras tres especies de filos cortantes subyugaban lateralmente la parte baja de mi torso.  

Por mi mente pasaron muchas cosas, pensé que ya había llegado el fin de mis existencia, y lo peor que moriría en manos de un asaltante con voz maniática que me mataría sin ningún sentido aparente.

Como en cámara lenta solté el gorrión de entre mis manos, y lo vi caer pero antes de impactar contra el piso el ave abrió sus alas y con vuelo rasante volvió a la vida esfumándose frente a mis ojos.

En un ágil acto mi potencial asesino suavemente cubrió mis ojos con un pañuelo, pude sentir unas manos gélidas carentes de vida, a la vez que su tono de voz era más claro, expresándome:

- Amigo William, no abrirás tus ojos ni hagas muchas preguntas hasta que caiga la noche…

Sentí un fuerte golpe en mi cabeza y perdí la conciencia…

Horas después pude despertar amarrado al pie de un árbol; un pañuelo sujetado entre mi boca me impedía gritar, cuando en realidad ni quería hacerlo…

Pude ver a la distancia como se acercaba lo que parecía un can callejero pero que al aproximarse dejó evidencia visual de ser un coyote negro y hambriento, empezó a mirarme como su presa y mientras mostraba amenazante sus colmillos lamia mis zapatos, yo atado e inmóvil, cual peor pesadilla rogaba a Dios que todo esto culminará…

Súbitamente una bandada de gorriones que surgían de entre los árboles como una colmena de abeja atacaron al canino asesino y quien salió a la huida mientras que aullaba espantado…

Mis ojos no podían creer lo que veían, esa bandada de gorriones fue tomando forma humana ante mí, más bien una forma que aunque nítida guardaba algo de transparencia, transformándose en la mujer más hermosa que podía haber visto en mi existencia, ella sutilmente desató mis pies, mis manos, quitó de entre mi boca el estropajo que me silenció, levantó suavemente mi barbilla y me hizo pararme de pie ante ella.

Sus ojos verdes me miraban fijamente, colocó su dedo índice sobre mis labios y me pregunto:

- ¿Ya es suficiente?

Dio dos pasos atrás y delicadamente dejó caer sus vestido traslúcido mostrando toda la desnudez de su ser, sus caderas, su rostro, su resplandor, cuando pude fijar mis ojos en sus pechos desnudos, se volvió a convertir en una bandada de gorriones conformando una silueta humana que con igual rapidez se esfumó nuevamente ante mi mirada…

Me sentí desmallar y sólo recuerdo caer al vacío…

Volví a despertar y puede verme inmóvil, mientras varias arañas cruzaban por mi cuerpo en la labor de sujetarme, sus hilos me aseguraban en el medio del camino, seguidamente cientos de hormigas caminaban sobre mi cuerpo, aproximándose sobre mi pecho una de ellas que superaba el tamaño de un roedor, subió por mi tórax al acercarse a mi cara sus dos antenas articuladas rozaron mi mentón, me miró fijamente y mientras movía su mandíbula horizontalmente escuché de ella:

- Puedes influir cambios en la sociedad, pero no podrás cambiar el mundo en su totalidad, no eres nadie para hacerlo.

¿Quién eres? – Pregunté...

- No importa quién soy, aunque en el fondo lo sabes…

Se dio la vuelta y pude ver como coloco su aguijón en todo el medio de mi pecho mientras lo hundía entre mi ser…

El dolor era inmenso, todo se fue oscureciendo, mi cuerpo se desvanecía otra vez y de pronto pude verme en el suelo sin vida aparente, pero mi vista habitaba dentro de dos ojos compuestos que dejaban ver un leve revolotear, esta vez mi alma yacía dentro del cuerpo de un cigarrón, pensé estar bajo el efecto de algún alucinógeno, pero no justificaba el por qué si jamás en mi vida consumí droga alguna…

Quizás ya estés muerto – pensé.

Me elevé, y dejé mi cuerpo, dejé el bosque, sólo volé sobre los arbustos, al llegar a lo que creí era mi hogar me posé sobre el marco de un lienzo que con amor había pintado alguna vez, escuché una voz familiar la que en vida fue la mujer que más amé:

- Hola amor cómo estás…

Mientras sus manos acariciaban el rostro de aquel hombre a la vez que le besaba con pasión…

Aunque teóricamente yo era un insecto, mi alma estaba intacta, sentí el más inmenso de los dolores al ver como ella, la mujer que más adoré, me traicionaba, pude ver como sus manos acariciaban, las manos de él, aunque no podía ver claramente su rostro, me preguntaba, por qué en mi hogar, porque después de haber entregado años de mi vida, ella actuaba de esa manera sin respetar mi reciente ausencia…

Alcé vuelo, decepcionado y desesperado, pronto abandoné el recinto que una vez fue el lugar más sagrado de mi amor.

No podía comprender como siendo un cigarrón podía llorar, pero mis lágrimas brotaban y podía sentir como quemaban las mejillas que quizás no poseía.

Nuevamente sentí otro golpe a traición el pico de un cuervo había atravesado mi espalda y me consumía en trozos…

Mientras mi amada se besaba con otro, yo transitaba lo que era aparentemente mi segunda muerte…

Reinó el silencio en mí por unos minutos y nuevamente aparecí atado al árbol, mientras en una especie de dualidad mi cuerpo también yacía echado, muerto a un lado, amarrado y cubierto cada vez más de hormigas.

Pero en ese otro aparente cuerpo sujeto al árbol, se me acercó un niño no mayor de 4 años y me dijo:

- Señor, señor, mi madre dice que uno no debe de hablarle a extraños, pero siento que te conozco, ¿Por qué estás atado? ¿Y porque tus ojos lloras?.

Mientras con sus pequeños dedos desataba la tela que cubría mi boca. Yo, ya no sabía qué creer, y ni siquiera entender...

El pequeño me seguía desatando mientras me hacía más y más pequeño, tan pequeño que me tomo entre sus manos y mirándome me decías no temas pero necesito hacer algo…

Me subió al aire y me dejó caer en su boca tragándome mientras decía:

- Ahora somos uno sólo…

De pronto éramos eso, uno sólo, una vez en dominio de su cuerpo ya era yo y no él, bajé por un pequeño riachuelo y maravillado trataba de atrapar unos pequeños pececillos de colores que habitaban en esas quebradas...

Continuará...



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