El Cisne y la Rata




Basado en la vida real, Fragmento del Libro "Nazazu la Mujer del Diablo". 

Había regresado agotado tras una dura jornada de tres meses de trabajo en Nuevo Laredo México, como siempre yo alternaba mi labor, y aún cuando me tocaba asesorar o trabajar con alguna empresa en el exterior, siempre respeté el no dejar a mi esposa sola por mucho tiempo. 

Desde el día de mi llegada ella empezó a actuar de una manera despectiva, nada le agradaba, incluso el día de su cumpleaños le pedí que se vistiera como una reina para celebrar sus 33 años en el restaurante más lujoso del lugar. 

A mitad de camino el vehículo presentaba una falla de luces y ella empezó en tono despectivo:

- Tu no sabes mover ese interruptor, así no es.

Yo pacientemente movía de distintas maneras el interruptor,  mientras ellas seguía con su actitud verbal agresiva y despectiva sin razón aparente. 

Una mujer que había aprendido a manejar porque yo le había contratado un instructor, una mujer que nunca supo lo que era tener un vehículo y que también poseía el suyo simplemente porque yo se lo había colocado en sus manos, ahora me trataba sin justificación aparente como a un extraño.

Me paré abrir la puerta del carro y le dije que lo arreglará ella, no hizo nada mientras demostraba enojo y rabia en sus ojos, por su puesto se daño la noche y decidí regresar a la casa, ante que su actitud pudiera ser evidente ante otras personas en un lugar público. 

Unos días después a las 11:30 de la noche, me despertó con un movimiento algo brusco, mientras me decía: 

- Se están robando nuestros animales, me acaba de llamar el vecino Palú*, dice que vayamos pronto al terreno...

* Palú era un hombre haitiano de color muy oscuro, delgado y quien cuidaba noche y dia un depósito de sal que quedaba al costado izquierdo de la finca.  

Me vestí inmediatamente y encendí el vehículo rumbo al kilómetro 8, al llegar a la entrada  ella me entregó un arma casera que según había mandado a hacer con un amigo de ella, entre el nerviosismo y el misterio de la oscuridad creímos ver una sombra a la cual le disparé  en vano porque  el artefacto se había encasquillado ( el centro no coincidía sobre el percutor del cartucho). 

Ella seguía en su actuar despectivo, reaccionando de una manera tosca pronunció:

- Tu no sabes disparar...

Mientras yo recordaba mis años de servicio militar...

- Eso crees tú negra,  tres años de servicio militar no fueron de turismo en mis tiempos. 

Ella empezó a llamar desde su celular a un "amigo" con la intención de que fuera para hacerle pesquisa a los ladrones. 

Encendí el vehículo para entrar a la finca mientras ella reaccionó: 

- Tu estas loco, no entres, tu vida vale mucho para que la pongas en riesgo. 

Pero algo en su tono de voz no me convencía, aún así no entré. 


A los 10 minutos llegó en una motocicleta un conocido de ella, quien le apodaban El Pelón.

Brevemente me presentó a su "amigo" mientras yo le entregué el arma y él revisándola trató de disparar al aire y por segunda vez el arma no funcionaba, hicimos el intento de arreglarla y yo con una tenaza logré central el eje. 

El Pelón y Nazazu se montaron en una motocicleta  y entraron a la finca. 

Por un rato se escuchaban disparos, que al parecer El Pelón lanzaba al aire para ahuyentar a los presuntos ladrones. 

Ya a las 12:05 de la noche recibí la llamada de Nazazu:

- Amor enciende las luces y entra poco a poco.

Cuando ella colgó, juro por Dios que escuche en mi oído derecho una voz suave que me dijo: 

- Es un atentado, no entres...

En mis discusiones mentales internas aunque con temor a la muerte, me dije a mi mismo:

- Ella es tu esposa, tu la escogiste, es tu responsabilidad ir con ella...

Contradiciendo esa voz y a mi propio instinto. 


Por algún motivo las llaves no aparecían, prendí la luz del celular,  también el vecino Palú con una linterna me ayudaba a buscar las llaves, como que si un ángel las hubiese escondido.

A los 12 minutos aparecieron pegadas en la puerta del conductor, cosa extraña pues yo juraba haber pasado las manos por allí varias veces. 


Encendí el vehículo y entré suavemente como ella me lo había pedido, cuando llegué al lugar casi a un kilómetro de la carretera, ella destacaba sobre la oscuridad con una camisa y pantalón blanco, no se inmutó, y hacía el gesto de alumbrar una inmensidad de terreno con su celular justo frente al vehículo.

Nuevamente pero con más intensidad una voz pero ahora interna, mi propio yo decía:

 - ¿Cómo es posible que la mujer que amas, no esté sentada aquí a tu lado en esta situación de peligro? 

En ese momento pude ver por el retrovisor en la oscuridad a El Pelón, apuntando por detrás y tratando de dispararme varias veces, pero la escopeta nuevamente falló. 

Reaccioné de manera inmediata y me alejé del lugar, ella no dijo nada, no llamó, no habló, no gritó.

El plan había fallado, la intención era matarme con un arma ilegal, dejarla en el lugar y decir que habían sido los "ladrones"  que me habían matado.

O quizás quemarme como había hecho Nazazu con algunos animales de los que no quedaban ni rastros de cenizas. 

En ese momento ella poseía el poder para firmar y manejar todos mis bienes y yo no tenía a ningún familiar en el país, mi presencia allí era por ella, por un amor ciego que ya empezaba a llegar a su final. 

Nazazu llegó una hora después a la casa, la confronté y le dije que era un atentado, ella simplemente calló, puedo suponer que no se atrevió a hacer nada porque los tres niños nos acompañaban, hijos de ella que quise como si fueran míos.

Al amanecer me fui de la casa e inicie el proceso de divorcio, el tiempo me daría la razón. 

Aunque me dirigí un tiempo después a colocar la denuncia en la fiscalía, la misma fue desestimada, pues "Nazazu"  poseía una amiga fiscal que se encargaría de no dejar de que prosperará.