El Emprendedor de la Mina de Oro






A sus 42 años "Chente" se había divorciado, prácticamente había quedado en la ruina, él prefirió dejarle las pocas cosas a su ex mujer aunque la "Chola" le había sido infiel,  era madre de dos niños que él crió como suyos, pero la diferencias de caracteres cada vez más notorios le hicieron alejarse.


Fueron casi 18 años de trabajo duro y mucho esfuerzo, él no era un hombre violento, más bien se percibía un poco pendejo para los demás,  no había tenido hijos propios, en realidad había quedado prácticamente solo. 


Decepcionado de la vida tenía que comenzar desde cero, en la calle y sin dinero,  sin un norte fijo, fue así que Vicente tuvo que regresar de la capital a San Antonio de Cajamarca,  allí pudo hablar con su abuela Octavia quien vivía en una humilde vivienda de bahareque casi a las afueras del pueblo.

La abuela le sonrió al verlo, muy sorprendida, lo invitó a pasar, Vicente vestía de pantalón jean, una franela negra y tenía una bolsa de plástico en su manos, apenas con dos mudas más de ropa.    


Tras el abrazo fueron algunas horas de lágrimas y de contar sus penas, mientras la abuela en su mecedora le escuchaba atentamente.  


Esa noche Vicente durmió en un catre, en un cuarto de zin hecho en la parte de atrás del rancho, se podía percibir el olor a tierra húmeda, a gallinero, a leña, a pueblo, y también a guayabas maduras que abundaban en el patio, muchas en el suelo en descomposición,  Vicente en silencio se durmió muy tarde tras pasar largas horas con su mirada perdida, con lágrimas, como que si su vista a través del techo pudiera ver las estrellas, el universo, el infinito. 


A las 5:30 de la mañana se pudo escuchar el fuerte aleteo de un gallo y seguidamente su cantar.

- Top, Top, Top, - sonó la puerta de madera, era la Abuela Octavia con una taza de café en sus manos, mientras Vicente abrió la puerta, la vieja le miró con cierta comprensión. 

- Mire Vicente, tómese este café mientras le digo algo -

 Vicente tras abrir la puerta recibió  el café servido en una vieja taza de peltre. 


- Bendición abuela, gracias, de verdad lamento molestarla- 


- Vicentico, usted no molesta, pero algo si le digo la vida es dura, muy dura, pero uno debe siempre de comenzar de nuevo y no perder las esperanzas, allá arriba, vía a Polco Alto su abuelo  dejó 17 hectáreas de tierra, yo estoy vieja y cansada, usted sólo me tiene a mi y yo a usted -.

 La madre de Vicente había sido la hija única y había muerto en el parto.


 -  Yo se que usted ha sido muy rebelde hijo, sé quiso irse a la ciudad, pero mire la vida lo ha traído nuevamente aquí, hágase cargo de ese terreno, siembre algo, busque a sus amigos de infancia, trate de ¡resurgir! -

Vicente con un nudo en la garganta ya ni quería hablar, sólo abrazó a la vieja Octavia y le dijo suavemente al oído, - te amo abuela - mientras derramaba sendas lágrimas. 


LA FINCA DE LA ABUELA OCTAVIA 

Pasaron las semanas, mientras él trataba de superar su ruptura, su soledad, viajaba desde el rancho de la abuela, todos los días en bicicleta varios kilómetros, para llegar a la Finca de la Abuela Octavia, allí empezó a limpiar y a sembrar.


Cómo que si la vida no le bastará con el drama, la abuela murió al mes, un dia en que él muy temprano extrañó que ella no tocará su puerta para llevarle el café, forzó la puerta del rancho y allí yacía Octavia durmiendo ya eternamente como una santa, murió de vieja, debajo de su colchón había dejado el testamento, el rancho y la hacienda de Octavia era para Vicente. 

Octavia había sido muy querida en Cajamarca, pobre pero admirada, vendía dulces, era humilde, reservada, el párroco de la Iglesia de Belén cubrió todo el gasto del funeral,  algunos vecinos acompañaron a Chente:


- Fuerza - Mi sentido pésame Vicente -  Ella te amaba mucho - Y en fin un desfile de expresiones de solidaridad.


El Sacerdote José en un rincón de la iglesia le colocó las dos manos sobres los hombros de Vicente y le dijo muy bajito:

- Lo hago por ella, no por ti, porque ella era como tu madre, fue quien te crió y tu la dejaste por haberte ido detrás de un culo ya con hijos - 


Pueblo pequeño infierno grande, allí todo el mundo sabía la vida de todos, en realidad Vicente se había ido enamorado, pero lo que nadie sabía era que jamás dejó de enviarle dinero a su abuela todos los meses, poco pero le enviaba, él por supuesto no tenía porque hacerlo público.  

Otro duelo más, la soledad, la desconfianza de la gente, unas cuantas vecinas le miraban apetitosamente, más él no estaba practicamente en este mundo, su mente estaba concentrada en pasar su dolor, a la vez que quería hacer producir la finca, ya había sembrado una hectárea de limón, y algunas plantas de ciclo corto para subsistir. 


Un día domingo mientras limpiaba la boca de la quebrada, porque había poca agua en la canal, observó a su derecha una especie de caverna muy pequeña, de la cual brotaba más arena de lo común, una arena un poco más amarillenta, y mucho más gruesa.    


Esa noche durmió en la finca en un improvisado cambuche, había luna llena y pudo observar precisamente como brillaba la arena, como si fuera un matiz de escarchas y calores, Vicente recordó las palabras del abuelo Antonio:

... Hijo a 20 kilómetros de aquí es zona minera, si yo muero primero dígale a la Abuela Octavia que no venda esta finca, ni por todo el oro del  mundo ...

Ahora todo tenía sentido, el Abuelo Antonio sabía que su finca estaba sobre una o varias vetas de oro. 


Vicente llevó pruebas de la arena y se la llevó al viejo "Poncho" un ex trabajador de minas.


- Sí, Chete, efectivamente hay cierta presencia de oro, pero tienes que invertir mucho, esas montañas son duras como el hierro, puede ser que sea una micro mina, o también una buena veta, allí usted no va a sacar más de medio  gramo por tonelada de arena,  mejor le recomiendo que se la venda a quien realmente pueda sacarle fruto -  


Chente se dispuso a llevar la arena casa por casa y con el siguiente discurso:


- Vecin@ encontre al parecer una veta de oro en la finca de la Abuela Octavia, por que no nos unimos y entre varios vecinos, ojalá todo el pueblo podemos explotarla, vamos a arriesgar por supuesto algo al principio, podemos reunir algo de dinero, y que tal que sea una gran veta - 

Esta fue la respuesta de la mayoría de los vecinos: 

- Y qué me asegura a mi que no voy a perder - 

- Qué garantías tengo de que será un éxito - 
- Pase luego y hablamos, déjeme pensarlo - 
- De esos cuentos ya van varios, y varios han fracasado, yo mejor no me arriesgo -
- Yo me voy a asociar luego que usted tenga la mina productiva y funcionando allí cuente conmigo - 


Todo parecía una locura, ¿Después que la mina esté funcionando? ¿Quien va a querer socios después de estar produciendo ? ... ¡La gente esta loca! Si no asumimos riesgos no ganamos...  pensaba Vicente.  

430 casas contadas visitó en dos meses, y sólo 11 personas confiaron en él, no pudo comenzar como él lo quería pero pudo reunir el inicial para la compra de un pequeño equipo de minería. 

No contaré todos los otros percances en los siguiente meses, pero resumiré: Permiso de exploración, permiso de pequeña minería o minería artesanal, la burla de mucha gente que le llamaba en silencio "ILUSO", el loco Vicente que va a intentar lo que más de 100 pequeños mineros no han logrado.  


¡Vaya sorpresa! Al año de duro trabajo, de apalancar túneles hecho a mano con madera, al año de tener las manos heridas, Vicente encontró la veta, una veta que hoy produce más de 13.5 gramos de oro por tonelada, lo que sobrepasa la ley promedio de 10 gramos por metro cúbico de arena, la producción le ha dado suficiente para obtener el permiso  como Titular Minero. 


Las 11 personas que confiaron en sólo un año aseguraron de por vida sus dividendos dentro de la empresa minera, hoy poseen el 20% de ella. 

A los 9 años de funcionamiento, la empresa posee suficiente dinero para comprar más del 70% de las viviendas del pueblo. 

El apodado Chente hoy da trabajo a más de 150 obreros, todos integrantes de muchas de esas familias que le cerraron sus puertas, Vicente pagó la reconstrucción total del interior de la Iglesia, y no guarda rencor al cura José quien ahora en cada misa lo pone de ejemplo. 


La Finca de la Abuela Octavia, sí, una historia real, que aunque sucedió en Perú, puede repetirse en cualquier rincón del planeta. 

Es el ejemplo de aquellos emprendedores que quieren sumar esfuerzo, mientras que el resto desconfía hasta de su sombra. 


Quien no asume riesgos nunca ganará, quien no busca compartir sus ideas y emprendimientos nunca avanzará, aunque el camino para muchos emprendedores sea duró, el secreto está en ser perseverantes y en no renunciar a sus sueños.

El secreto de los que no son emprendedores pero tienen éxito como inversionistas es que apuestan y apoyan a aquellos emprendedores que están seguros y que aman  lo que hacen. 



Vicente Quispe Sánchez A



Comentarios

  1. Extraordinaria historia, me recuerda a mi tío, todos los criticaban, ahora es el más rico de la familia, ahora ni le contesta el teléfono a sus hermanos, creo que tiene sus razones.

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